25.12.07

En el cuello del ángel

Encaramado
en la torre de mi sueño
un ángel resplandece.
Cejas centelleantes
estrellas en los ojos
él me señala con plumas
y me abraza con alas.
Juntos vagamos
entre rastros de astros
cabalgando nubes
por planicies etéreas
hasta que me siento serena.
Y como si mudo dijera
no temas velos y nieblas
cualquier neblina pasa.
Es ahí cuando dice:
No seas ciega, niña.
La mirada de Dios todo lo abarca.
Sólo los hombres tienen párpados.

de Astrid Cabral, Brasil
Poema incluído en "Poesía" Nº 141, antología de poesía brasilera, editada en Venezuela.
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