31.1.09

J.L.B.

"Pocos han descollado en poesía, narración y ensayo (a la vez)".

Mario Bunge ( 1998)

Si no nos ponemos
deliberadamente
al costado del camino,
si no estamos mirando
distraída o estúpidamente
para el otro lado,
quién puede negarle
a este ser distinto
llamado Jorge Luis Borges
la vastedad de su conocimiento,
lo decantado y plural de
su particular estilo,
y un increíble vuelo
alrededor tanto de la ironía
como de la imaginación.
Habría que instalarse
en la mente de ciertos teólogos
o de algunos viejos narradores,
por ejemplo,
si queremos hallar algunos
rastros de tamañas
elocuencias.
Don Jorge Luis nunca se dejó
llevar por el ego hecho "diario"
personal o cosa parecida,
porque supo, en todo momento,
darle paso a la fantasía
literaria, poniendo a la invención
en un plano mayor, diferenciado.

Borges, ese Gardel
que ya no se manosea,
ni discute.

de Daniel Barros, Olivos -picia.de Buenos Aires-, Argentina.
De su libro "Toques Latinoamericanos".
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25.1.09

Poema 1

Calles curvas.
Calles inmundas y estrechas.
De una desolación irreal.
Sin árboles.
Sin luces.
Sin policías.
Calles
que recorro
con la obsesiva lentitud
del maniático.
Calles truncas.
Espejismos.
Todas llevan al mismo lugar
del que intento alejarme.

de Anna Lidia Vega Serova, Leningrado/San Petersburgo, Rusia
De su libro "Eslabones de un tiempo muerto", II parte.
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La nave va

con el fortísimo viento golpeándonos las frentes
el mar bravo
nubes y más nubes en vorágine/ negras las nubes
muy a nuestro gusto
atados a los palos de la nave
vamos oteando el horizonte incierto siempre

¡a cantar/ a cantar!

y todos entornamos un antiguo himno marinero
el de nuestros ancestros
así viajando juntos por este mismo mar
estas mismas nubes y vientos
este mismo mirar sin horizontes
aún

¡a cantar/ a cantar!

y suben recias de las rabiosas espumas de las aguas: las almas
las de los desdichados que se sacaron las sogas
los que no cantaron
los que al divisar la lontananza
agriaron sus ojos por no ver lo que no es visible

¡a cantar/ a cantar!

y que el mar nos azote a cada lado
y que los lazos dejen marcas y marcas en las carnes
y que el viento se haga más demonio tras demonio
para molernos a palos

¡a cantar/ a cantar!

como la preciosa nave hace
al crujir su maderamen
y se enancha/
y vuela a nuestra casa que espera

allá a lo lejos
espera

de Osvaldo Spoltore, Buenos Aires, Argentina
Publicado por "Tamaño Oficio", Nº 32
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Cada día

Cuando estamos en momentos nuestros
nada duele
y
todo sucede
momentos que pasan como nubes
imaginando que se encontró
la voz de las pequeñas cosas
y
la música del tiempo por llegar
(pero todo tan fragmentario)
y
lo nuestro único en entrañas
cantando en este mundo

de María Cristina Aparicio, Buenos Aires, Arg.
De su libro "Apariciones".
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17.1.09

Casi prestidigitador

Desde lejos amortigua la luz, mueve las sillas
sin tocarlas. Se cansa. Se quita el sombrero y se abanica.
Después, muy lentamente, se saca tres naipes
del oído. Disuelve una estrella analgésica verde
en un vaso de agua, removiendo con una cucharilla de plata.
Se bebe el vaso y la cuchara. Se vuelve transparente.
En su pecho se ve un pescado de oro que flota.
Muy cansado, más tarde, se tiende en el sofá, y cierra los ojos.
"En la cabeza tengo un pájaro", dice. "No puedo sacarlo".
La sombra de dos grandes alas llena el cuarto.
Detrás del olvido

de Yannis Ritsos -1909/1990-, Atenas, Grecia
(Fragmento).
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Tan abierto y tan desnudo

Baches.
Huecos.
El rey está desnudo, desnudo, desnudo.

Signos, símbolos palabras.
El bache sigue abierto y el rey está desnudo

Aulas, más aulas, más aulas
y el hueco sigue ahí,
con su sonrisa abierta y el rey, desnudo.

Ecuaciones silogismos, fechas, rutas, mapamundis
sobre los baches abiertos y el rey, desnudo.

Huecos, grandes o pequeños,
en las tardes de lluvia y las historia narradas.
Baches en las respuestas
-no hace preguntas la niña-
baches en las caras, en las caricias, en los sueños.

Baches que son sólo uno,
y como el rey.

de Elena Cohen Imach, Buenos Aires, Argentina
Poema incluido en "Tamaño Oficio" Nº 32.
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10.1.09

El espejo del mar perdió su marco

El marco cae, hierro de barco hundido,
al mar se le desborda el infinito.
En el espejo fondo pasean los peces sus miradas
extrañas,
hay ahogados hermosos, con colores trabajados
al agua.
Una muñeca de proa, con las manos atadas en
algas
y el pecho dulce, sin abrigo, encallada.
Busca en hablarse, dejar dolor azul, vueltas en el
sin fin,
mover sangre acoralada por el espejo océano,
subir.
O sea no morir.

de Cristina Villanueva, Buenos Aires, Argentina
De su poemario "Lengua suelta".
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Fui al río

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

de Juan L.Ortiz -1896/1978- Entre Ríos, Argentina
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