26.8.09
20.8.09
Hombre solo
Todos han muerto.
Se han ido muriendo uno a uno.
Yo pude haberlos matado
pero dejé al tiempo la tarea.
Por segundos seré dueño,
dueño solo de la memoria
y desde mi sitial
abarcaré los sueños de los otros,
sus grandes desconsuelos,
sus vidas en pedazos.
Cuando me toque la muerte
seguiré sentado como en este instante,
bajo el tala,
mirando sin ver
los cerros,
allá lejos.
de Leonardo Martínez, Catamarca, Arg.
Poema de “El señor de Autigasta”, Ed. Último Reino.
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Lina Caffarello
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16.8.09
Espejos
"Mi espejo, corriente por las
noches, se hace arroyo y se aleja
de mi cuarto."
Vicente Huidobro
Rostro mío,
y hoy son ojos, nariz, boca
sin contorno,
imagen última
fluyendo,
fluyendo lejos de mí,
libre como el agua que la lleva.
Agua que lava, agua.
Agua que borra huellas
y sigue y empuja y aleja.
Agua que me deja aquí,
sin marca,
frente a la blanca pantalla
donde otros rostros me miran
y esperan.
de Elena Cohen Imach, Buenos Aires, Arg.
Publicado en la revista de literatura "Tamaño Oficio" Nº 32
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Lina Caffarello
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9.8.09
Piedra mágica
a Mario Rulloni a veces miro toda mi vida
quieta
en un puño de agua muerta
vida
vida
toma
éste es el pan de los desiertos rojos
y sale mi vida a nutrirse
negra y brillante y resbaladiza
como esa piedra
mágica
que alguien arrojó sin darse cuenta a un pozo
y vio
el secreto del olvido
los lejanos reflejos
el hombre casi feliz
soportándola en sus manos.
de Alejandro Schmidt, Villa María, Córdoba
De su libro "Desfile de Monstruos".
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Lina Caffarello
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3.8.09
Indolencia
¿Quién nos ata a las cosas y a mí,
compaginándonos a deshora,
sino la imagen
de todas las imágenes de mí sin mí?
La multitud escancia
una posible voz, un gesto indivisible
en los reflejos del aire,
una historia propia (¿real?)
Y yo también me miro
como si mirara las caras
de un retrato
infinito y único.
Al fin, un desorden ingobernable
reúne la vida y el olvido;
peligran en la indolencia los víveres
y se anulan las razones de saber
y las de morir.
de Hebe Solves, nacida en Vicente López, Buenos Aires, Arg.
Nuestro humildísimo homenaje a esta gran escritora que acaba de partir hacia la constelación de los irreemplazables.
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Dicen que ha muerto...
Ayer al mediodía hablé con Máximo Simpson por teléfono. Conversamos sobre la publicación de Tupac Amaru y de pronto le pregunto: ¿Cómo sigue la querida muchacha? ... Hebe falleció ayer –me responde Máximo con el dolor contenido en su voz.
Hacía meses que una maldita enfermedad la estaba cercando. Hacía meses que Hebe tenía plena conciencia de que el final del recorrido se aproximaba. La figura delgada, suave y gentil de Hebe, la poeta, escritora para niños y adultos, la protagonista de tantos eventos, la jurado del I Certamen de Poesía Libre de Artesanías iba apagándose.
Y recuerdo la velada en que presentó su Antología en una sala de la Biblioteca Nacional, la emoción, obvia y tierna, conmovida por la sala de lleno total, la lectura de sus poemas, la atención del público. La recuerdo, sí; la veo allí sobre el pequeño escenario, menuda, feliz, tal vez asombrada de ver a tanta gente que la amaba, y a otra desconocida que seguía con atención el desarrollo del ballet de palabras con que nos regalaba Hebe.
Pérdida irreparable. Ha partido en ese largo viaje que nos acongoja a todos.
por Andrés Aldao
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