31.10.09

Kaatmandú

Se ha volado Kaatmandú. Sus pueblos
como cofres
demasiado abstractos para la tierra
y sus hombres,
piedras de otra intemperie.

Ya pasó todo el tiempo.
El sol y la luna
cuelgan sordomudos;
ya no vuelven las calles
y los cuervos aúllan en los árboles
por el mundo raído.

Un mendigo repta:
llega tarde a su desaparición.

Mañana,
desde el cielo cerrado,
tal vez lluevan
montañas.

de Leopoldo Castilla, Salta, Argentina
De su libro "Bambú".
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29.10.09

Reflejos

El sol en la tarde de noviembre
se astilla
sobre las aguas agitadas del río

Burbujas de luz moviéndose veloces
demasiado veloces
Disparando claridades dispersas
para mi retina cansada

Reflejos…
nada más que eso

Voces, risas, rostros deshilachados
fragmentos de palabras sin sentido

Reflejos…

La realidad es otra cosa

Un acto fallido de la suerte
Esa broma pesada
que nunca podremos aceptar

de Francisco Chiroleu, Rosario, Santa Fe, Arg.
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21.10.09

El fuego

"Haya luz, y hubo luz" -dijo Dios-

Una piedra sola,
sólo un alma,
achicó la distancia
con trazo primigenio.
La hizo suya.

"He aquí tu universo" -dijo la piedra-

Frotar y frotar
piedra contra piedra.

de Sonia Sívori, Buenos Aires, Arg.
Publicado en "Tamaño Oficio", Nº 33.
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La piedra

Tomo esta piedra
la palpo, la sopeso,
la alzo y la imagino volar.
Si fuera geólogo la llamaría: roca
y sabría su origen, composición,
uso y hasta nombre científico,
pero no lo soy.
Por eso, simplemente: una piedra,
recogida del borde de un camino,
extraída del medio de una calle.
Si la guardo
nadie se ocupará de mí
y todos me seguirán llamando Miguel, Juan, Pedrito, o María
en Honduras,
y Yasser, Hanni, Ahmad, o Murad
en Palestina.
Pero, si la lanzo
a soldados y policías represores
entonces
algunos me llamarán: terrorista.

de Miguel Crispín Sotomayor, La Habana, Cuba
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16.10.09

Breve historia del hombre alto

Hubo una vez un hombre tan pero tan alto, que con sólo ponerse de pie, abrir los ojos y mirar hacia adelante, era capaz de leer las verdades escritas en las nubes. La gente común admiraba su enorme altura. Él, en cambio, renegando abiertamente de su don, profesó toda su vida una melancólica envidia hacia los hombres bajos. Nunca se resignó a su triste suerte de poder descifrar verdades allí donde los otros, plácidos y felices, veían solamente una nube.

de Alfredo Di Bernardo, Santa Fe, Arg.
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10.10.09

Ofrecimiento

Me ofrecía una soga
dos puñales
el borde de un papel o una sonrisa

abrazo entre el murmullo cotidiano.

Dueño de la cadencia
del espacio
equidistante entre el destino
y el deseo.

Me ofrecía sus dudas
su rebelión azul.

La luz ya parpadeaba
en el hueco en el labio

en la espiral salada
donde duermen los peces.

Me ofrecía una soga
dos puñales
el borde de un papel o una sonrisa
sin saber que la noche
se transformó en ritual
para escribir un sueño.

de Silsh (Silvia Spinazzola), Buenos Aires, Arg.
http://www.silsh.com.ar
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6.10.09

Tarde de invierno en el este de Francia

Es invierno, lo sé por tus ojos tristes
que me asaltan en cada poza del agua
y en la llamarada del mate
en mi lengua sudamericana.
El viento alza su voz anchurosa:
llama, nombra, manda,
con la claridad del diamante
y la potencia del timbal que se esconde
en la orquesta visible del alba
y ya nadie ve entonces
la nieve cayendo en orlas castañas
sólo yo diviso tus ojos tristes
y sé que es invierno y que llueve
sobre la campiña blanqueada.

de Carlos Aránguiz Zúñiga, Antofagasta, Chile
De su libro de poemas "Piel de Naufragios".
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Hilvano...

Hilvano ficticios cascabeles
en puertas
que no se abrirán nunca,
me brindo la ternura
de tus modos
y ocurre que hasta el ínfimo
sonido perceptible
se suma a mi llamado.

de Marcela Borgnia, Moreno -pcia.Bs.As.-, Arg.
De su poemario "De la sombra".
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