31.7.10

María Eugenia Caseiro: "Nueve cuentos para recrear el café"

El 29 de julio ppdo., el Maestro y Académico Luis Ángel Casas tuvo el gusto de hacer la presentación del libro bilingüe -español/francés- de María Eugenia Caseiro.

Se trata de "Nueve cuentos para recrear el café" y la presentación se llevó a cabo en Zu Galería Fine Arts, 2248 SW 8th Street, Miami, USA.
http://www.zugaleria.blogspot.com/

Nueve cuentos para recrear el café (edición bilingüe)

María Eugenia Caseiro, escritora cubana, radicada en los Estados Unidos, toma de primera mano el tema del exilio y al abundar en aspectos propios de su tierra natal como lo son los elementos del panteón africano y los del sincretismo religioso, el uso de expresiones idiomáticas y personajes típicos de su país, nos adentra en un mundo particular que gradualmente va universalizándose. Nada humano le es extraño y es precisamente ésto lo que enriquece, dando cuerpo y hondura a su producción literaria. Sus personajes, enraizados dentro de un nostálgico sabor cubano, nos transportan a esa otra época que si no fuera por la literatura se hubiera esfumado en el tiempo.

Editorial Equi-Librio, Lyon, Francia.
www.equi-librio.net/librairie/description.php?sort=ld&target=new&id=199

- Prólogo del Profesor de la Universidad de Miami, codirector de la revista Sinalefa y escritor cubano Ismael Lorenzo.
- Comentarios críticos de Lina Caffarello, escritora y redactora de la revista Tamaño Oficio, Buenos Aires, Argentina.
- Presentación gráfica de la escritora Magaly Quiñones, Puerto Rico.
- Diseño de portada: Carmen Karin Aldrey, Directora de La Peregrina Magazine. Basado en pinturas de la artista cubana Amelia Peláez.
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30.7.10

Croar del alma


Cuando mi alma, como una rana,
salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta el ojo monótono de la luna en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empieze la eternidad.


de Horacio Castillo, Ensenada 1934/La Plata 15-7-2010
Que sea éste un humildísimo homenaje al gran poeta y traductor. Nuestro agradecimiento por su maravilloso legado.
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Gente hecha para irse

Gente hecha para irse.
O volver, el tiempo justo
para armar un alero,
cosa que no se moje lo que dejan.

O hacerse la cruz sobre la frente y la boca
porque alguien les quedó bajo la tierra.
Nunca son los mismos.
Vuelven fugazmente, se van, parsimoniosos,
como quien dice "a semillar afuera",
sin otra compañía que los perros.

de José Bravo, + 15-7-2010 / Buenos Aires, Argentina
Un cariñoso homenaje desde el corazón de todos quienes conocimos a este dedicado maestro de teatro, poeta y ensayista.
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25.7.10

Revertir

Revertir no sé que ausencia,
o andar por no sé que sombra
como en una palabra donde ensimismarse
o invocar la práctica de los exilios.
Podría conmover algunos pétalos.
Desnudar pañuelos.
Buscar en la repetición de un antojo
insólitas pesadumbres.
Entonces, ¿en qué olvido justificar esos espectros
que dejan de mirarnos desde sus abismos
y se acercan a tocarnos la piel
con su silencio?

de Fedorio Kowal, Barranqueras -Chaco/ José C.Paz -Bs.Aires, Argentina
Del libro "Poemas obsesivos".
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20.7.10

Ícono

La muchacha negra sacude sus sandalias en la playa blanca
y se pone en la garganta el pájaro que antes volaba en círculos;
su piel salada hecha casi de aire
aroma un agua de reino amenazado.
Mientras, sus oscuros pezones despiertan y erosionan las nubes
como sombras colgando de la luz bajo su túnica de flores:
quietud y escándalo de ciertos signos
que discurren en un sueño de algas pardas.
La muchacha negra vuelta hacia el mar ensaya un gesto:
de pronto, la lluvia en un estruendo se derrumbó en sí misma.
Al instante ya había otro sol redondo y más antiguo
y un espejo verdiazul en el horizonte.
Entonces el cuerpo luminoso de la muchacha negra
entró en otros cuerpos sin salir de sí mismo.
Y todos bebimos la luz de sus pechos.

de Héctor J.Freire, Buenos Aires, Argentina
De su libro "Motivos en color de perecer".
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Ah, que tú escapes

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

de José Lezama Lima, La Habana, Cuba (1910-1976)
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17.7.10

Mujeres & placeres

por Reynaldo García Blanco, Santiago de Cuba

Al poeta argentino Oliverio Girondo le gustaban las mujeres que volaban. Lo dijo en un poema muy singular: Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
En lo que respecta a mí, ahora que entramos en el tema, me gustan las damas que cantan cuando se duchan o van por la calle entonando boleros, con la posibilidad real de provocar un accidente. Me gustan las que meditan y cocinan con un sentimiento tántrico y piensan, como los tibetanos, que en la vida hay tres placeres: el estornudo, el orgasmo y la muerte.
Una estudiante francesa le preguntó al Cronopio mayor Julio Cortázar: ¿Qué es lo que más le gusta de mí? Y el autor de Rayuela le contestó: Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.
Me deleitan las mujeres que se maquillan hasta el infinito a punto de perder trenes y aviones. Las que te llaman en francés y no soportan el inglés.
¿Cómo sería aquella Sulamita que el rey Salomón comparara con yegua de los carros de Faraón? ¿Cómo sería su cuerpo?: Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro. Tu ombligo como una taza redonda que no le falta bebida. Tu vientre como montón de trigo cercado de lirios. Tus dos pechos, como gemelos de gacela. ¡Ah, esos ardores! Como una consigna política la revolución de tus pechos.
Me gustan las hembras que tienen una herida en el vientre, un caracol terrestre al lado del espejo, un lunar en la nalga izquierda.
Me gustan las que no dicen malas palabras a no ser que se golpeen el codo o la rodilla y entonces se acuerdan de Teresa de Calcuta.
Prefiero las que les gusta una puesta de sol y que se han leído la Biblia, el Kamasutra y Adiós a las armas, de Hemingway. Jorge Luis Borges amó a una mujer imposible. Le ofreció su soledad, su oscuridad, el hambre de su corazón. Trató de sobornarla con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota. Y se quedó ciego para siempre.
Tengo especial predilección por las que hacen Pajaritas de papel y les tienen miedo a los gusanos y hasta los gatos se enamoran de ellas. Las que creen en el karma, la reencarnación y los chacras. Y bueno, la capacidad de volar debe estar presente como en la María Luisa del poema de Oliverio Girondo. Y todo ello se complementa con esa trinidad, divisa de los monjes tibetanos, que en la vida hay tres placeres: el estornudo, el orgasmo y la muerte.

centrosoler@cultstgo.cult.cu
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3.7.10

Para entrar descalza

En el país de las maravillas un círculo abierto deja ver irremediables, escondidas bellezas, algo de las delicias. Hay que sacarse los zapatos para entrar, abrirse a los sonidos y al silencio, a los roces, los gustos, los espejos.
Hay que encontrar los ojos que hacen crecer como si fuera un golpe de viento, el lugar del cuerpo del otro que se completa con nuestra mirada.
Hay que tomar plumas y rugosidades y conseguir que el otro cambie sólo con un pequeño roce, como lo hacen las especias con la comida.
Hay que frecuentar, mezclar, enervar los olores hasta que estallen.
Hay que dividir la piel en pequeñísimas islas de sentido y mandarlas al aire sin encuadres ni modas.
Hay que recordar al colibrí y a la flor cuando ya no se reconoce quién es quién, en esa orgía de azúcares escondidos.
Hay que subirse y bajarse de lo mórbido, desalentar los olvidos, nombrar, encolumnarse en la música,avanzar con lo suave de las cejas, hacerse un espacio en lo nómade, desligarse de las imágenes prestadas, adentrarse, descoserse, circular en espirales.
Hay que borrar el hay que, ser sólo racimos enhebrados de luces y sombras, de plenos y vacíos donde el tiempo se abre infinito y girar, girar, girar.

de Cristina Villanueva, Buenos Aires, Argentina
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