28.2.11

5

Hogueras a orillas
del mar.
En nombre de quién resplandecen.

Nadie responda.

La humanidad del fuego
relumbrará
. . . . . . . . . . . desierta.

de Roberto Glorioso, Azul -pcia.de Bs.Aires-, Argentina
Del apartado "Insinuación de lo sagrado", perteneciente al libro "Tierra no prometida".
robertoglorioso@hotmail.com
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IV

. . . . . . . . . . . . . . . . . . .Bebiendo el sol corintio
leyendo las marmóreas ruinas
cruzando a trancos viñas y mares
apuntando con un arpón
un prometido pescado que se escapa
encontré las hojas que la plegaria del sol memoriza
la vívida tierra que el deseo se alegra
en abrir.

Bebo agua corto frutos
extiendo mi mano dentro del follaje del viento
los limoneros diseminan el polen del verano
los verdes pájaros rasgan mis sueños
me voy con una mirada
mirada amplia donde el mundo resurge
hermoso desde el principio a la medida del corazón.

de Odysseas Elytis, Iraklión -Creta-, Grecia
De "El sol, el primero".
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24.2.11

había un mar que un día

había un mar que un día
olvidado de sus tareas de huracanes y furia
templada su fuerza bajo un sol sereno
llegó salino a tus pies
para luego retirarse

y aunque no sea de dios ni uno solo de sus atributos
me queda silente la pregunta
cuando te veo dormir tostando tu piel
mientras el mundo gira

no será una embajada de los dioses
que te dará sus armas y algún canto
será un día trivial
en que imaginarás tu mar
y tu navío

de Carlos Alberto Roldán, Buenos Aires, Argentina
De su libro "Poesíada".
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14.2.11

Verano

Entre el mar y nosotros, los libros. Abriendo el horizonte y el silencio. Policiales negros en una casa blanca. Ahora que el largo adiós a esos momentos ya fue dado. Entiendo que ese otro lado de la realidad, corrupto, sangriento, con largas rubias de largos tacos y detectives con un vaso siempre a mano; sólo podía ser leído en ese encanto, que quizá no fuera tan encantador, pero para mí lo era. Esos mundos extraños y lejanos estaban en los libros devorados mientras todos dormían y se acallaban los ecos de juegos, calesitas, y el fuego de los leños. Todo tenía las fisuras por las que luego se colarían los dolores. Ahora la violencia de la muerte y del paso del tiempo nos tocó. Un idilio derrumbado. El mar, como un gran animal furioso y bello, parece lo único cierto entre tantas carcomidas certezas. También la mano de él en el desayuno cubierta de picaflores, las niñas jugando, el perro, la receta de pan con queso, tomate y orégano, regalo de Italia al paisaje del jardín. Por suerte ya leí esos policiales me digo ahora que el mundo parece una gran novela negra devastadora y me falta el amparo de mi ficción de arena perdida y a veces recuperada.

de Cristina Villanueva, Buenos Aires, Argentina
libera@arnet.com.ar
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