25.4.09

XIV

Nada queda del navegante
Que atado a la piedra del suplicio
Se precipitó al fondo del mar,
Mientras rezaba una plegaria al albatros,
Y en su caída
Atravesó el cielo del fuego, del agua y el polvo
Hasta unirse a un enorme círculo de huesos.
Nada subsiste
De la estela que dejó el espolón de su nave
Ni de su enseña de viajero que ondeó bajo las tormentas...
Sólo el mar
Permanece inalterable
Con su vasta maldición sobre los hombres.

de Luis Eduardo Gutiérrez, Tolima, Colombia
Publicado por "Alhucema" Nº 13, Granada, España.
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