Poema II
¿Quién dejó crecer
de Adalber Salas Hernández, Venezuela
Tomado de "Extranjero", libro de reciente edición.
Fuente: Con-fabulación Nro.330
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¿Quién dejó crecer
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Lina Caffarello
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Somos cuatro y aún jugamos
a querernos, a simular amor sobre la mesa
y sentarnos al pórtico a platicar de historias anormales,
mientras mamá prepara el alimento
y escucha devorarnos la carne.
Mi padre vendó los ojos de todos mis hermanos
y antes de abandonarnos, cubrió los suyos con sus ropas.
Mis hermanos se columpian de la mano de mi madre,
no soportan ser ciegos por culpa de papá
y se dan picotazos uno a otro para expiar
no sé qué clase de pecado.
Sé que me sacarán los ojos si me acerco,
por eso me santiguo por las noches
y rezo un padrenuestro por todos.
de Estrella del Valle, Córdoba -Veracruz-, México
De su libro "Fábula para los cuervos".
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tus pies son cáscara arrancada
calle de barro
techo de chapa
hambre de guiso
dignidades que otorga la pobreza
cómo hacerle entender a esta mujer
de Santa Fe y Callao
que las calles hoy se terminan acá
porque ella al hambre
todavía no lo conoce
sobre la tarde de otoño
una mujer valiente
me conmueve con sus palabras
solo el duro corazón de los necios
puede ignorarla,
odiarla,
ensañarse como se pueda con ella
¿será otra "esa mujer"?
de Aníbal Sciorra, 1952-2012, Buenos Aires, Argentina
Nuestro recuerdo y homenaje al poeta que nos ha dejado, que hemos perdido...
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...besaba yo la tierra con amante fervor.
Ibn-Hazm
De la piedra, no de los pájaros.
De los califas y las viejas congregaciones, no de los pantanos.
De la Aljama profunda que cantaron los poetas.
Desnuda eres como una flor,
y tan hermosa como una mujer nacida del libro
de Las Mil y Una Noches;
porque así fue tu canto de fundación,
entre piedra y piedra,
y oculto sílice dormido, embriagado de jazmines andaluces...
¡Oh, Mucáddam ben Muafa el Cabrí, llamado el Ciego y el Zéjel!
¡Oh, Said ben Hamid, que cantó a Fadle, la más dulce de las dulces!
¡Oh, Ziryab, Pájaro Negro, y su música embrujada!
De la memoria como un jardín al aire libre,
acosada por el vivo sueño de los magos.
De la cisterna, no de la sed.
De la cisterna de agua clara que riega el huerto
al que se llega olvidando todos los caminos...
De los metales y los esmaltes del aguamanil sagrado,
que guarda la sed del mundo.
Del Alminar y las estrellas, que son lámparas eternas
desprendidas de la noche (así te veo),
como luciérnagas fugaces,
no como cristalería cósmica tras la ventana.
De las aguas eternas del Guadalquivir,
que enciende los pájaros del crepúsculo
y navega hacia el ocaso, entre época y época,
¿Pero qué diré yo de tus fantasmas?...
de Manuel Ruano, Buenos Aires, Argentina
Fragmento tomado de su libro "El gran ensalmador".
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El hombre de bolso al hombro que va
. . . . . en el estribo,
agarrado como puede, y ve pasar las
. . . . . vías
velozmente, con sólo abrir su mano
. . . . . llegaría
no a la próxima estación sino al otro
. . . . . mundo,
el mundo ciego que lo mira, en la
. . . . . mañana
temprano, casi noche, y en la tarde.
. . . . . Pero
él sigue, y el país sigue, en el férreo
. . . . . estribo
de estos años, entre señales y señales,
. . . . . soberbias
y soberbias, canciones y canciones,
. . . . . esperando
que no llueva ni truene, y en llegar a
. . . . . la estación,
aunque con una tristeza que, a fuerza
. . . . . de sola costumbre,
ya es casi una alegría que merece un
. . . . . festejo.
de Eduardo Dalter, San Justo -Bs.As.-, Argentina
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Tampoco en los rincones
esa música sabe
si el corazón que la prohija
ha de estar yerto un día.
Ausente de luz para la luz.
Un punto corruptible, una ceniza.
Esa música, entera, ha de quedarse
más allá de la historia:
no es ceniza de su fuego
esa ceniza. Las horas
la conllevan, por encima
del viento que envejece.
Obra de corazón caído,
mendiga de una voz que la repita,
la caridad de siempre
es una multitud de peregrinos.
de José Bravo, (1934-2010) Buenos Aires, Argentina
De su libro "Poema, dura piedra".
Recopilado por la revista de literatura "Tamaño Oficio" Nº 35.
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Miro afuera
el hades a mis pies,
su lago de sangre
refleja mi estatura cobriza
aún aferrada a la estrella.
Un pájaro . . . inmutable . . . cretáceo
me desvanece el regreso,
mañana es candelabro
desesperando en el gris horizontal,
pausa
necesito una pausa
. . . . . . . . . . . para mirarme.
de Mirna Figueredo Silva, Palma Soriano-Stgo.de Cuba
De "Brevísima historia de ecos y bisontes".
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(Del film Sueños, de Akira Kurosawa)
Un niño ve llover desde el pórtico de su casa,
luego aparece el arcoiris que se junta con la tierra:
ese paisaje de infancia deslavado por la lluvia
es una obra de arte del verano,
donde los modos del agua pulen
la superficie de luz desparramada.
Intermitentes, los animales
en sus trajes de hombres
deslumbran y engañan.
Sin embargo, son el centro
de una imagen aún cierta:
todo el bosque es un nido verde
que huele a mujer desnuda.
El niño se pierde, y su miedo hace que el aire
se ondule de hojas y preñe de flores
la geometría efímera del día.
Una dinámica que deviene causa de eso
que no siendo "antes" existe "después".
En realidad, la luz inventa esas formas
para volverlas visibles en una desmesurada
tentativa de sobrevivirse más allá de lo que anula.
de Héctor Freire, Buenos Aires, Argentina
Poema extraído de su libro "Satori".
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Qué pensaba la mujer que leía esos versos
en la plaza de los bailarines muertos
El sol de la tarde iluminaba demasiado
los papeles y no conseguía seguir
el hilo argumental
Tal vez sus lágrimas traicionaban
las órdenes que enviaba su cerebro racional
Alguien se iría, tal vez para siempre
entonces qué sentido tenía
la lectura en esa plaza
Mientras los dos guardaban
las formas políticamente correctas
sobre su destino
Tras ellos, sus sombras se besaban
Presintiendo que esa y no otra
sería la última vez.
de Francisco Alberto Chiroleu, Rosario -Santa Fe-, Argentina
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