26.2.20

Desde la piel


Quiero cantarte como los antiguos griegos
fragmentos acerca de la existencia
con el ritmo del corazón
y la escala en Do menor
siguiendo la partitura del sol
con la lira, la cítara  y el  oboe.
Quiero cantarte para que no olvides
para que no desesperes
para que la alegría esté allí.
Quiero cantarte como los pájaros
todas las mañanas                                         
para que ese latido no te enloquezca                                   
para que la oscuridad no te dé miedo.                                  
Quiero cantarte desde la piel                                       
con el goce de los ungüentos sagrados                                   
con el vino que purifica y                                    
la miel que envuelve                                    
el rocío de los amantes.                                  


de Nora Patricia Nardo, Buenos Aires, Argentina.
De "Umbrales posibles".
Más de la autorahttp://www.generacionabierta.com.ar/notas/60/relatos.html

23.2.20

Miedo


Ese miedo apetecible
con sus claros oscuros.
Alza su mano
sin poder distinguir
si es un adiós
o una bienvenida.
Miedo contradictorio
conocido
sofocante, sin permitir
respirar pausadamente,
                 sin poder atar las raíces de su historia.


de Mónica Boccia, CABA, Argentina
De “Esencialmente”.

20.2.20

Sola


Sola.
Un bar.
De su mirada
llovían rosas.
Un café,
un cigarrillo con rouge.
Partió un terrón de azúcar;
el beso de la despedida
y sus manos diagramaron
sábados a media agua.
Sobre la mesa,
mantel rojo.
Sobre su alma,
ausencia.
Eran las cinco,
y el gallo aún dormía.


de Raúl Pérez Arias, Lomas del Mirador –Buenos Aires-, Argentina
De la revista “Hojas de palabras” N° 89.
Otros poemas: http://alpialdelapalabra.blogspot.com/2012/04/raul-perez-arias-poemas-grecia.html

17.2.20

Te convoco


Te convoco
con conjuros del pasado
en las fronteras que hablan de exclamaciones
bajo las tempestades de cenizas.
En el solsticio de verano
o en el viejo solar
donde se baila
la esperada ceremonia.


de Virginia Isabel Berra, CABA, Argentina
De "Cuando el amor se viste de amarillo Sahara".
Más sobre la autora: http://www.poetasdelmundo.com/detalle-poetas.php?id=8938

14.2.20

Tú y yo


Como una brisa del mundo
al ras de este mástil roto,
madera inválida de un desfondado bergantín
a erosiones eólicas
y latigazos de agua última,
le resucitas las velas
y le botas de nuevo
sus audacias oceánicas.
Y aún le conviertes en gallardo
cisne,
absorto de fuego por sus ojos quemantes
dejando atrás
las puras y sembradas estelas
navegadas y expectantes
ya
como una cabellera
de viento adolescente
abrisándote
infinitos en el mar
o las dóciles gracias de un día
otra vez nombrados.


de Jorge Sichero, CABA, Argentina
De "Oasis de Mujer", sector 'Tú eres mi música’.
Más acerca del autor: http://gente-de-letras.blogspot.com.ar/2010/10/fernando-sanchez-zinny.html

10.2.20

Estas horas


Estas horas
últimas de un día que ya no llora
se dispersan por las hendijas
que dejan las sombras

antes que apague todas las luces
y recite la última oración
que quizás nadie escuche
ella caminará lento
casi imperceptible
detrás de mi espalda

la dejo
como el último habitante
que siempre resiste partir


de Oscar Vicente Conde, Lanús –Bs.As.-, Argentina
Del Boletín “La Fundación” N° 5.

6.2.20

En la noche de febrero


En la noche de febrero, densa,
algunas ventanas insomnes
se iluminan en la ciudad mal dormida.
Esta viscosidad nos reporta
la invalidez del cansancio.
No alcanza para merecer el sueño.

De pronto, la sospecha de un trueno.
El ansia de la lluvia en los sauces
y sus grandes cabelleras agitadas.

El deseo es una tormenta
en la duermevela
agobiante del verano.


de Graciela Perosio, CABA, Argentina
De "Balandro".
Reportaje: https://www.lexia.com.ar/Reportaje_perosio.html

31.1.20

Y si hubiera nacido hombre...


Y si hubiera nacido hombre
habría sido marinero
con una azul mortaja como lecho.
Madre, no me dijiste nunca
que había que pagar un precio
para hablar con las flores.
Detrás de tantas ventanas
las mujeres se peinan para recibirlos.
No me enseñaste nunca
que había que pagar un precio
por haber nacido mujer
y marinera.
Mi amor a punto de morir
no sabe
que amo únicamente ahora
que no hay vientre ni ola ni deseo.
Mi amor a punto de morir
no sabe
que únicamente lo amo porque muere
y quedo libre de todo excepto
de escribirlo
eligiendo los momentos del goce
como un conquistador antes del oro.
Mi amor no sabe
que el único al que amé
fue aquel marino de la fotografía
que jamás conocí.
Porque me enamoraba únicamente
de los derrotados.
Porque habrá naufragado
con una azul mortaja como lecho.
Porque sus ojos eran huérfanos
como los míos,
sucios de tormentas y remedios solitarios
contra el amor, la blandura,
la nostalgia de tierra.
Madre, no me enseñaste nunca
a ordenar mis pedazos
Me dejaste cortarme, cortarme,
con cuchillos de mar y de ventanas.
«Las mujeres se peinan, decías,
para recibirlos.»
 

de Paulina Vínderman, CABA, Argentina
De “La balada de Cordelia”.
Artículo:  https://www.lanacion.com.ar/cultura/como-escribe-paulina-vinderman-poeta-decada-gano-nid2310602?fbclid=IwAR2TPJL_wDQNNREhnQuhG2cBpc5tZPYjvpn-RFC2bryEP3n5IejP4-lVrWU

25.1.20

Nocturno


En las horas de calma,
el tiempo viene a comer de mi mano,
y la luna en el paisaje de la noche
parece el corazón del sol:
un simulacro en la ventana
que arroja su red de fuego sobre la memoria.

Hace tanto que su luz llena de espejos el patio
donde de niños nos vendábamos los ojos,
y recorríamos en silencio las habitaciones
hasta encontrar el amuleto de jade
que ordenaba nuestros sueños.
Pero a veces, surgía una repentina sombra,
que nos transformaba en helechos de una zona indeleble.
Entonces, con las manos extendidas y con veneración
como si fuéramos a depositar flores allí,
recitábamos viejas e inútiles plegarias.
Luego nos retirábamos con timidez y miedo
como descendiendo hacia lo profundo de la tierra,
y encendíamos todas las luces de la casa,
y cerrábamos las ventanas y las puertas,
creyendo que estábamos a salvo de la intemperie del tiempo
con solo contemplar la imagen descolorida e inmóvil
de la Anunciación de Fray Angélico,
colgada en la serenidad del cuarto de la abuela.

Ahora los sentimientos y los sueños
de los días nuestros llegan al antiguo patio
como húmedos pasos para recordarnos,
que no sabíamos, ni sabemos aún qué decir acerca de la muerte.

“—¿Dónde estábamos?” Preguntó mi hermano
que todavía no había nacido.
“—En ninguna parte” Contestó la abuela
que ya había muerto,
pasando una ramita de albahaca fresca
sobre los ojos secos de los helechos.


de Héctor J.Freire, CABA, Argentina
De "Poética del Tiempo".
Reportaje: https://www.lexia.com.ar/Reportaje_hector_freire.html

19.1.20

Adiós a Laos


Ya se va, ya salen las niñas,
cargando sus hermanos pequeños,
emergen del río los adolescentes
desnudando al agua
y las ancianas castigan los ramos de arroz
sobre el camino que se lo lleva para siempre,
entenebrado,
por el humo verde de la jungla.

Ese extranjero,
tocado, como el bambú, por la fuga de la tierra,
se roba la tardanza de los ríos,
los bueyes insepultos,
la caravana, como un abecedario, de los patos
y el ojo incendiario de los gallos;
nuestros colores,
nuestras huellas, roba.
Como las semillas
caminaremos de memoria.

Atánquelo libélulas, caballitos del diablo, alguaciles,
de a miles, atáquenlo, fléchenlo,
que no escape,
que lo empantanen los animales,
mirándolo,
no lo dejes salir, neblina,
que lo traigan de nuevo a Laos,
que lo roben a él con todo lo que se está llevando.


de Leopoldo 'Teuco' Castilla, -Salta-, reside en Olivos -Bs.Aires-, Argentina
De "Bambú".
Biografía del autor
: http://www.fundacionkonex.com.ar/b4647-leopoldo_castilla