En alguna tibia luz
El viento anuda
Los huesos. La flor
Que continúa creciendo ahora es
Enorme en
Las profundidades del lecho, pero no
Sabe que allí
Los amantes cazan
Siempre un mismo ciervo en
Las afueras de
Un diluvio. Pues allí
La flecha
Atraviesa una vez más
El corazón
De la enorme flor. Su vahído derrite
La nieve en
Los techos del campanario
Que inunda
Fuentes y tabernas aladas: con la caída
De los ebrios de
Las tabernas aladas
El campanario pudo
Tañir al fin
Por la fundación
De un meridiano.
En alguna tibia luz
El largo viaje en soledad a través de
Ciudades bilingües (Troya aun
se cae junto
Con los ebrios
Y la nieve de la piedra). Al oir
la lámpara
Inahablada Troya aun
cae desde
Lejos por la mano prohibida
Ha llegado: Vaga
La Mujerosa a orillas
Del relámpago cuando
Fulgura la tibia luz
neutral
legendaria como
Nunca en
Los huesos anudados.
Segunda parte - de René Villar, Mar del Plata, Argentina
Coordinador de la "Fundación de Poetas" de Mar del Plata y de los encuentros de "Marathónica Poesía"
fundaciondepoetas@yahoo.com.ar
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