
Luego,
puso los zapatos juntitos,
limpió un poco la sangre
y desechó la almohada.
Pero no pudo conciliar el sueño.
Desvelado,
pateó la cabeza debajo de la cama
para que el cuerpo
descansara tranquilo.
de Julio Aranda, Buenos Aires, Argentina
Poema publicado en "Tamaño Oficio" Nº 32.
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