20.7.10

Ícono

La muchacha negra sacude sus sandalias en la playa blanca
y se pone en la garganta el pájaro que antes volaba en círculos;
su piel salada hecha casi de aire
aroma un agua de reino amenazado.
Mientras, sus oscuros pezones despiertan y erosionan las nubes
como sombras colgando de la luz bajo su túnica de flores:
quietud y escándalo de ciertos signos
que discurren en un sueño de algas pardas.
La muchacha negra vuelta hacia el mar ensaya un gesto:
de pronto, la lluvia en un estruendo se derrumbó en sí misma.
Al instante ya había otro sol redondo y más antiguo
y un espejo verdiazul en el horizonte.
Entonces el cuerpo luminoso de la muchacha negra
entró en otros cuerpos sin salir de sí mismo.
Y todos bebimos la luz de sus pechos.

de Héctor J.Freire, Buenos Aires, Argentina
De su libro "Motivos en color de perecer".
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1 comentario:

Anónimo dijo...

FELICITACIONES POR LA BELLEZA DE ESTILO, RICO EN IMAGENES. SUSANA ZAZZETTI