Tal cosa no era nunca, después,repetida en las secuencias de La Sirena,
allí donde bebíamos y regresaban
las parcas del pasado.
El mismo brete y estrangulamiento
del alma en los confines de tu boca,
aquellos lugares de las intermitencias,
donde de espaldas y muerto, sentía tu gemir
en el instante mismo del amarte.
Y sonreías entonces, con un mirar
que volaba hacia allá de los cerros
y de las edades en las tardes de invierno:
una elucidación, algo así como los colores
transfundiéndose en figuras
del mirar invisible, conforme
a la extrañeza de los sucesos,
en la aparición ralentada,
mucho más presente que
cualquier recuerdo momentáneo.
de William Anselmo, Buenos Aires, Argentina
De "Antología 13 poetas".
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