Y cada uno a su manera, pareja imparbaila la propia mazurca, un desenfreno
rockero, melodía veleidosa
que los arrastra hacia algún puerto,
otro nuevo dique y enfrentados
ahora un reto de cristal pone su valla.
Se desató indebida una palabra,
la sintonía pasional en quiebre
ondula sin la charla improvisada,
sin el ronroneo a dos puntas
se borra el lugar de la cita desértico
de vehemencia aquel cuerpo a cuerpo
es ahora una suelta llovizna agria
de puntos suspensivos.
Quizás los amantes deban correr
ese albur y luego buscar sus bocas,
picos vulnerables, dos imanes.
de Michou Pourtalé, Azul-Buenos Aires, Argentina
De su libro "La misma que soy".
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