El mar dibujaba su espada de hermosura, su golpeada soledad y el sueño se quebraba en partes desiguales. Dudosos jardines donde duendes malditos lastimaban el corazón de la noche. Entonces di razón al sueño y se alojó en mis débiles párpados, como un reflejo, roja ventana del deseo. Patria del cielo y del infierno, nube casi eterna. El poema iniciaba su definitivo camino hacia la locura.de Adalberto Polti, Buenos Aires, Argentina
De su libro "Fragmentos del sueño".
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