Ayer paseé mis dedos
por el borde de una rosa
y hoy al verla desgarrada
en pétalos mojados
le susurré al oído:
sonríele al vacío,
silencia al corazón amargo.
Besé la noche oscura
y sin espinas
me tomo la mano.
de Marta Zabaleta, Londres, Reino Unido de Gran Bretaña
m.zabaleta@mdx.ac.uk
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