En las páginas de Artesanías, que siempre está de vigilia, hemos publicado numerosos materiales en todas las secciones.Además, un lector, cuyo nombre es Pedro Slosheim (Pedro S.), me ha preguntado para qué tanto esfuerzo, para qué Artesanías se caracteriza por ser la revista que nunca duerme, si una gran mayoría de lectores, siempre duerme. Muchos agotados “por las condiciones del trabajo”(...) “otros porque han perdido la costumbre de la lectura, o viven alienados por la pantallita, hoy pantallaza, de la televisión” (...) “y tantos que deambulan por el mundo amargados, sin ninguna fe en el futuro, agobiados por deudas, sin ocupación, y cuya frustración se transmite a la familia....”.
Recibí ese correo el mismo día en que la amiga Silvia Long Ohni me envió su Por qué se escribe. Escribir, escribimos, pero Long Ohni pregunta: ¿nos leen? . Es una inquietud, un signo de interrogación que a veces quita el sueño, preocupa, turba, desasosiega...
Además, no es una pregunta restringida al lector: se extiende al escritor y poeta, al editor, al creador de páginas. Tanto brío, tanta energía con ese tremendo signo de interrogación.
En estos días me acordé de aquel célebre personaje de la farandula porteña, que recorría por las noches las calles del centro ofreciendo una pequeña revistita al voceo de “Yo la escribo, yo la vendo...”. Transportado por el recuerdo, aun despierto, me vi recorriendo las calles de la urbe gruñendo: “Yo la escribo, yo la leo...”.
“Y le voy a decir algo más −agrega Pedro S.−, vaya usted a las lecturas de poemas o presentaciones de libros: concurrencia clonada o siempre los mismos que se van desplazando en un círculo cerrado. La ceremonia repetida, a veces con alguna extravagancia personal que no renueva nada. ¿Sabe algo? Es triste, apena mucho. No soy sociólogo ni astrólogo, pero la lectura, como placer espiritual, como acto cultural e indispensable para el desarrollo social y del género humano, está herida de muerte. La globalización percude y herrumbra todas las actividades culturales de los hombres. Que haya escritores, poetas, en una palabra, artistas, deja el conflicto no sólo sin resolver si no que las condiciones se agravan día a día...”. Las palabras del lector Pedro S. son frases son para cavilar...
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Vanidad de vanidades, Artesanías resalta por publicar a medio mundo colega, pero medio mundo colega resalta por publicarse y difundirse a sí misma, excepto honrosísimas excepciones. Hay carne de cañón, hay carne de pobreza y hay, también, carne del exilio, carne del que está alejado de la mesa bien puesta, de las gacetillas y las palabras solidarias. Es lo que ocurre, asimismo, con los colegas desaparecidos. El tiempo hace lo suyo, nos dicen. El nombre de Osvaldo Soriano es venerado en los pequeños círculos, pero la sociedad no le brinda lo que merece como escritor “distinto”, entre otras cosas, porque no forma parte del círculo borgiano o de los laberintos académicos. “Es un novelista menor”, dijo de él Piglia entre bambalinas. Lo mismo ocurrirá con el “Negro” Fontanarrosa, cuyo público, numeroso y fervoroso, volverá a sus ocupaciones habituales, Y el “Negro”, como Soriano, irá apagándose, pero quedarán en el corazón de la multitud que los leyó y los guarda en la memoria.
Pero los “medios”, esa máquina de procrear o destruir, seguirá fiel a Borges, Cortázar o Piglia...
Pero los “medios”, esa máquina de procrear o destruir, seguirá fiel a Borges, Cortázar o Piglia...
Soriano, Fontanarrosa o el mismo Juan José Saer serán material de aniversarios, evocaciones... Novelistas menores; personajes menores; sin la brillantina, merecida o no, de las lumbreras del siglo pasado.
En los últimos años han aparecido prosistas y novelistas en el cono sur de América Latina que resalten por su prosa y sus escritos. Pero no hay acaparadores de exclusividad, gloria sin discusión. En la Argentina, por ejemplo, los nombres de Juan Marsé u Antonio Muñoz Molina, novelistas y prosistas españoles del más alto nivel literario, son ignorados. Desconocerlos, es hoy una señal de pobreza literaria.
Amigos, espero que disfruten de los materiales, hay autores consagrados e ilustres escritores y poetas que, como Sísifo, ascienden con su “piedra literaria” hasta que los editores contumaces y adoradores del contante y sonante les dan un puntapié en el trasero y los desbarrancan hacia el llano. ¡Habrá tiempos mejores, amigos!
por Andrés Aldao, Maalot Tarshija, Israel
http://www.artesanias.argentina.co.il/
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En los últimos años han aparecido prosistas y novelistas en el cono sur de América Latina que resalten por su prosa y sus escritos. Pero no hay acaparadores de exclusividad, gloria sin discusión. En la Argentina, por ejemplo, los nombres de Juan Marsé u Antonio Muñoz Molina, novelistas y prosistas españoles del más alto nivel literario, son ignorados. Desconocerlos, es hoy una señal de pobreza literaria.
Amigos, espero que disfruten de los materiales, hay autores consagrados e ilustres escritores y poetas que, como Sísifo, ascienden con su “piedra literaria” hasta que los editores contumaces y adoradores del contante y sonante les dan un puntapié en el trasero y los desbarrancan hacia el llano. ¡Habrá tiempos mejores, amigos!
por Andrés Aldao, Maalot Tarshija, Israel
http://www.artesanias.argentina.co.il/
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1 comentario:
Con la acostumbrada razón crítica a cuestas Andrés. Pero con las manos y el corazón abierto de Artesanías. Se vuelve una sana costumbre releer textos también de años anteriores. Es bueno saber que es puerto. Anclar es otra cosa. Un muchas gracias y una enorme felicitación. Mercedes Sáenz
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