31.10.08

Cántico para un amigo difunto

–Hola... sí, habla Ale, quién es... ¿quién? ¿Estrellita? Sí sé, claro que te conozco... ¿Qué? ¿Qué dijiste...?
–...que mataron a mi papá, lo boletearon sin asco, estaba desarmado –se hizo un silencio. Escuché sollozos...
–¿Estrellita...? Hola, ¿estás allí?
–Estoy llorando, sí... Lo mataron, lo mataron...

Busqué un bar y me senté.
Lo tenía frente a mí... en el cuadro de Devoto. Parado sobre sus piernas combas. El pucho colgando de los labios. La frente fruncida. Una sonrisa pícara y la mano extendida. Orlando Roig, el Profe.

Escribí una novela en su honor. Con un final literario.
Y en la vida real, acribillado, muerto. Absoluto, definitivo, irreversible... Se llevó un fragmento de mi alegría.
Fue una anécdota, una enseñanza. Un chorro también tiene su dignidad.
Fue un hombre. Era un verdadero amigo; fiel, sin dobleces. El Profe. Orlando Roig.

de Andrés Aldao, Maalot Tarshija, Israel
(de la novela Aventuras y desventuras de Ale Aspis)
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3 comentarios:

mercedes saenz dijo...

Se recuerda siempre ese escrito tuyo del profe. Mueve mucho por lo que hacés sentir lo que él era. Un abrazo. Merci

Anónimo dijo...

Es un monólogo, tierno y y extraño,
entre un escritor y un amigo que vive fuera de la ley.
Conmueve un cántico ala amistad, que no considera leyes ni pruritos.
Alberto Grinspam

Marta Raquel Zabaleta dijo...

Que bueno que le des vida a los que como el Profe Roig, también tiene su dignidad. Y como no.
Bello escrito.
PRESENTE
Marta